El constructivismo propone un paradigma donde el proceso de
enseñanza se percibe y se lleva a cabo como un proceso dinámico, participativo
e interactivo del sujeto, de modo que el conocimiento sea una auténtica
construcción operada por la persona que aprende (por el «sujeto cognoscente»).
El constructivismo en pedagogía se aplica como concepto didáctico en la
enseñanza orientada a la acción.1
Existe otra teoría constructivista (del aprendizaje
cognitivo y social) de Albert Bandura y Walter Mischel, dos teóricos del
aprendizaje cognoscitivo y social.
Concepto
Se considera al alumno poseedor de conocimientos sobre los
cuales tendrá que construir nuevos saberes. Según Ausubel «Solo habrá
aprendizaje significativo cuando lo que se trata de aprender se logra
relacionar de forma sustantiva y no arbitraria con lo que ya conoce quien
aprende, es decir, con aspectos relevantes y preexistentes de su estructura
cognitiva».
No pone la base genética y hereditaria en una posición
superior o por encima de los saberes. Es decir, a partir de los conocimientos
previos de los educandos, el docente guía para que los estudiantes logren
construir conocimientos nuevos y significativos, siendo ellos los actores
principales de su propio aprendizaje. Un sistema educativo que adopta el
constructivismo como línea psicopedagógica se orienta a llevar a cabo un cambio
educativo en todos los niveles.
Un supuesto fundamental del constructivismo es que las
personas son aprendices activos y desarrollan el conocimiento por sí mismas.
Para entender bien las materias, los aprendices deben descubrir los principios
básicos. Algunos creen que las estructuras mentales se vuelven un reflejo de la
realidad, mientras que otros, los constructivistas radicales consideran que la
única realidad que existe es el mundo mental de individuo. Los constructivistas
también difieren en el grado en que adjudican la construcción del conocimiento
a las interacciones sociales con los profesores, compañeros, padres y otros.3
La perspectiva constructivista del aprendizaje puede
situarse en oposición a la instrucción del conocimiento. En general, desde la
postura constructivista, el aprendizaje puede facilitarse, pero cada persona
reconstruye su propia experiencia interna, con lo cual puede decirse que el
conocimiento no puede medirse, ya que es único en cada persona, en su propia
reconstrucción interna y subjetiva de la realidad. La construcción del
conocimiento puede analizarse desde dos vertientes: los procesos psicológicos
implicados en el aprendizaje y los mecanismos de influencia educativa que
promueven, guían y orientan dicho aprendizaje4. Por el contrario, la
instrucción del aprendizaje postula que la enseñanza o los conocimientos pueden
programarse, de modo que pueden fijarse de antemano los contenidos, el método y
los objetivos en el proceso de enseñanza.
La diferencia puede parecer sutil, pero sustenta grandes
implicaciones pedagógicas, biológicas, geográficas y psicológicas. Así, esto
aplicado a un contexto de aula con alumnos significa que desde un enfoque
constructivista puede crearse un espacio favorable al aprendizaje, con un clima
motivacional de cooperación, donde cada alumno reconstruye su aprendizaje con
el resto del grupo. Así, el proceso del aprendizaje prima sobre el objetivo
curricular, no habría notas, sino cooperación. Por el otro lado y también a
modo de ejemplo, desde la instrucción se elegiría un contenido a impartir y se
optimizaría el aprendizaje de ese contenido mediante un método y objetivos
fijados previamente, optimizando dicho proceso. En realidad, hoy en día ambos
enfoques se mezclan, si bien la instrucción del aprendizaje toma más presencia
en el sistema educativo.
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